Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El cambio que en pocas horas se había obrado en el espíritu y en la felicidad de las Dashwood fue tal —fue tan grande— que pudo depararles a todas la satisfacción de una noche sin dormir. La señora Dashwood, demasiado eufórica para sentirse a gusto, no veía el modo de querer a Edward o felicitar a Elinor bastante, ni sabía cómo agradecerle esta liberación producida sin menoscabo de su decoro, ni cómo buscar el momento de dejarlos a solas y de satisfacer al mismo tiempo el deseo de disfrutar de su presencia y su compañía.
Marianne sólo a través de las lágrimas fue capaz de expresar su alegría. Le asaltaban culpas y comparaciones; y su gozo, aunque tan sincero como el amor que sentía por su hermana, era de una clase que ni le infundía valor ni le permitía hablar.