Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Eso es muy propio de Robert —fue su inmediata observación—. Y tal vez eso —agregó— era lo que tenÃa en la cabeza cuando empezaron a conocerse. Y quizá Lucy sólo pensara en atraerse sus buenos oficios en mi favor. Quizá después surgieran otros planes.
Pero tampoco él sabÃa decir desde cuándo estaba durando aquello; pues en Oxford, donde habÃa residido voluntariamente desde que dejó Londres, no habÃa tenido otra fuente de información que la misma Lucy, y sus cartas habÃan seguido siendo hasta el último momento igual de frecuentes y cariñosas. Ni la menor sospecha, pues, le habÃa preparado para lo que siguió; y cuando finalmente se produjo la revelación en una de esas cartas, se habÃa quedado, según recordaba, casi sin poder reaccionar ante el asombro, el horror y la felicidad de tal liberación. Sacó la carta y se la entregó a Elinor.
Querido señor: