La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Apresúrese, vamos, vamos —venÃa diciendo mientras abrÃa la puerta de par en par—. Póngase el sombrero en seguida. No hay tiempo que perder. Nos vamos a Bristol. ¿Qué tal está, señora Allen?
—¡A Bristol! ¿No está muy lejos? Pero yo no puedo ir con ustedes porque estoy comprometida. Espero a unos amigos de un momento a otro.
Este argumento fue naturalmente rebatido con vehemencia, restándole toda importancia. Thorpe le pidió su colaboración a la señora Allen para que le secundara y al poco rato entraron los otros dos amigos para ofrecer la suya.
—QueridÃsima Catherine, ¿no es maravilloso? Daremos un paseo estupendo, delicioso. Tienes que agradecernos a tu hermano y a mà que hayamos tenido esta idea. Se nos ocurrió de improviso a la hora del desayuno, de verdad que fue en el mismo momento a los dos. Y nos habrÃamos ido hace dos horas si no hubiera sido por esa odiosa lluvia. Pero no importa, por la noche hay luna y nos las arreglaremos estupendamente. ¡Oh!, siento tales arrebatos cuando pienso en respirar un poco de aire del campo y en disfrutar de tranquilidad… MuchÃsimo mejor que ir a las Lower Rooms. Iremos directamente a Clifton para comer allÃ, y en cuanto terminemos, si queda tiempo, iremos a Kingsweston.
—No creo que haya tiempo para hacer tanto —dijo Morland.