La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger Catherine le hizo caso alegremente y, cuando estuvo bien acicalada, se sintió más impaciente que nunca por acudir al salón del balneario para informarse sobre la residencia del general Tilney, pues, aunque creía que era en Milsom Street, no estaba segura del inmueble, y las vacilaciones de la señora Allen lo hacían todo aún más dudoso. La dirigieron a Milsom Street y, habiéndose asegurado perfectamente del número, se apresuró, con paso inquieto y el corazón palpitante, a ir a visitarla para explicarle su conducta y recibir su perdón. Se desvió ligeramente por el patio de la iglesia apartando resueltamente la mirada para no tener que ver a su amada Isabella que andaba muy cerca de allí, en una tienda. Llegó a la casa sin ningún contratiempo, comprobó el número, llamó a la puerta y preguntó por la señorita Tilney. El mayordomo creía que la señorita se encontraba en casa, pero no estaba seguro. ¿Sería tan amable de dejar su nombre? Catherine le dio una tarjeta. A los pocos minutos regresó el criado y, con una mirada que no corroboraba del todo sus palabras, afirmó que se había equivocado, pues la señorita Tilney estaba ausente. Turbada por la aflicción, Catherine se retiró. Tenía casi el pleno convencimiento de que la señorita Tilney estaba en casa, pero demasiado ofendida para recibirla, así que, al alejarse por la calle, no pudo evitar lanzar una mirada a las ventanas del salón con la esperanza de verla allí, mas no vio a nadie. Sin embargo, desde el final de la calle volvió a mirar atrás y entonces vio a la propia señorita Tilney, no en una ventana, sino saliendo por la puerta. Iba seguida de un caballero, en quien Catherine creyó reconocer a su padre, y subían hacia los Edgar Buildings. Profundamente humillada, Catherine siguió su camino. Sentía casi irritación ante aquella descortesía. No sabía cómo podía clasificarse una falta como la suya según las normas de la educación mundana, hasta qué punto era imperdonable, ni de qué clase de desaires se había hecho merecedora.