La Abadía de Northanger

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XIII

Ante la mirada del lector ha ido discurriendo toda una semana, de lunes a sábado; los acontecimientos de cada día, sus esperanzas y temores, sus dichas y sinsabores han sido reseñados detalladamente, y sólo quedan por descubrir las angustias del domingo para cerrar la semana. El plan de Clifton había sido aplazado, pero no abandonado, y aquella tarde, pasada en el Crescent, volvió a salir a colación. En una consulta privada entre Isabella y James, la primera puso todo su afán en ir, y el segundo, no menos interés en complacerla, así que se decidió que, siempre y cuando hiciera buen tiempo, la excursión tendría lugar a la mañana siguiente, y que saldrían muy temprano para estar en casa a buena hora. Decidido así el asunto y asegurada la aprobación de Thorpe, sólo quedaba avisar a Catherine, la cual les había abandonado durante algunos minutos para hablar con la señorita Tilney. En aquel lapso de tiempo ultimaron el plan y, tan pronto como regresó, solicitaron su anuencia; pero en lugar de la alegre conformidad que Isabella esperaba, Catherine respondió con un gesto grave: lo sentía mucho, pero no podía ir. El mismo compromiso que le impedía acompañarlos la vez anterior le imposibilitaría ir con ellos ahora. Acababa de decidir en aquel momento con la señorita Tilney dar el prometido paseo al día siguiente; estaba decidido definitivamente y no se volvería atrás de ningún modo. ¡Pero ella debía y tenía que revocar tal decisión!, gritaron en seguida apremiándola los dos Thorpe; debían ir a Clifton al día siguiente, no irían sin ella, no importaba nada aplazar un día más un simple paseo, y no estaban dispuestos a admitir que los rechazara. Catherine se sentía desolada, pero no claudicaba.


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