La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger No obstante, en seguida supo que esta atrevida deducción encerraba sólo la mitad de los hechos. El desasosegado afecto que Catherine percibía continuamente en todas las miradas y actos había recibido, en el transcurso de la excursión de la víspera, la deliciosa confesión de ser correspondido. Su corazón y su fidelidad se hallaban igualmente comprometidos con James. Nunca había escuchado Catherine una noticia tan interesante, prodigiosa y placentera. ¡Su hermano y su amiga comprometidos! Al hallarse por vez primera en tales circunstancias, la importancia del hecho adquiría unas proporciones gigantescas y lo consideraba uno de esos acontecimientos grandiosos en que el curso normal de la vida difícilmente se puede permitir un retroceso. La intensidad de sus sentimientos no podía expresarla, pero a su amiga le bastaba con percibir su naturaleza. La feliz expectativa de convertirse en hermanas produjo la primera efusión de gozo, y las dos bellas damitas se fundieron en un abrazo y en lágrimas de alegría.
Aunque Catherine se regocijaba sinceramente ante la perspectiva de convertirse en familiares, hay que reconocer que Isabella la superaba con creces en lo referente a expectativas enternecedoras.
—Catherine, pronto te querré infinitamente más que a Anne y a María; me parece que voy a sentirme mucho más unida a los Morland que a mi propia familia.
Catherine se sentía del todo incapaz de alcanzar esas cotas de amistad.