La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¡La semana que viene!
—SÃ, mi padre no se deja convencer para ir al balneario con regularidad. TenÃa un compromiso con unos amigos que esperaba encontrar aquÃ, pero no han venido y, como ahora está bastante bien, tiene prisa por volver a casa.
—Lo lamento mucho —dijo Catherine, desolada—, si lo llego a saber antes…
—Tal vez —dijo la señorita Tilney con cierto embarazo— te apetecerÃa… a mà me alegrarÃa mucho que…
La entrada del general puso fin a la amable frase en la que Catherine esperaba que Eleanor formulara el deseo de que se escribieran. Pero, tras dirigirse a ella con su habitual cortesÃa, el señor Tilney se volvió a su hija y le preguntó:
—Y bien, Eleanor, ¿puedo felicitarte por el éxito de la petición que le has formulado a tu amable amiga?
—Iba a hacérsela en el mismo momento en que has entrado.