La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¿Es un sitio bonito? —preguntó Catherine.
—¿A ti qué te parece, Eleanor? Danos tu opinión. Las damas, o, mejor dicho, la mayorÃa de las damas, saben juzgar los sitios tan bien como los hombres. Por lo que a mà se refiere, creo que la mirada más imparcial lo considerarÃa un lugar sobremanera recomendable. La casa, rodeada de hermosas praderas, está orientada hacia el sureste y dispone de una excelente huerta con la misma orientación y cuyas espalderas instalé yo mismo hace ya diez años, para disfrute de mi hijo. Es una vivienda familiar, señorita Morland, y, siendo principalmente mÃa la propiedad, podrá fácilmente suponer que me he ocupado de que no le falte nada. Si los ingresos de Henry dependiesen únicamente de esta renta, no andarÃa mal parado. Tal vez parezca extraño que teniendo sólo dos hijos, y jóvenes, considere necesario que él trabaje, y a decir verdad, a veces desearÃa verlo libre de toda clase de obligaciones. Mas, aunque no consiga ganar adeptos entre ustedes, señoritas, estoy seguro de que su padre, señorita Morland, coincidirá conmigo en la conveniencia de que los jóvenes tengan alguna ocupación. El dinero no significa nada, no es ésa la razón, es por el empleo en sÃ. Incluso Frederick, mi hijo mayor, que heredará tantas propiedades como cualquier otro joven del condado, ejerce una profesión.