La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —ConfÃo en que, en lo que respecta a mi hermano, esté mal informada. Espero que no haya tenido parte material en causar un disgusto al señor Morland. Además, no es probable que se case con la señorita Thorpe. Temo que en ese punto sufre usted una equivocación. Aunque lo siento mucho por su hermano y lamento en extremo qué alguien a quien usted estima sea infeliz, me sorprenderÃa que Frederick se casara con ella.
—Sin embargo, es la pura verdad. Lea usted mismo la carta de James. Espere… hay una parte… —dijo ruborizándose al recordar la última lÃnea.
—¿Le importarÃa leernos los párrafos que hacen referencia a mi hermano?
—No, puede leerlos usted mismo —exclamó Catherine pensándolo mejor—. No sé por qué he dicho eso. —Y volviéndose a sonrojar insistió—: James sólo quiere darme un buen consejo.
Henry aceptó la carta de buena gana, y una vez que la hubo leÃdo entera con suma atención, se la devolvió con estas palabras:
—Bien, si las cosas han de ser asÃ, sólo puedo decir que lo lamento. Aunque Frederick no será el primer hombre que escoge a una mujer menos juiciosa de lo que esperaba su familia, no envidio su situación actual, ni como pretendiente ni como hijo.