La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Pero una hermana tan bondadosa y sensible —repuso afectuosamente Henry— debe de servir de gran consuelo en momentos de abatimiento.
—He de pedirles un favor —dijo Catherine poco después, presa de gran agitación—: si su hermano viniese aquÃ, avÃsenme para que pueda marcharme.
—¡Nuestro hermano!… ¡Frederick!
—SÃ. Sin duda lamentarÃa abandonarles tan pronto, pero ha sucedido algo que harÃa para mà muy penosa la convivencia con el capitán Tilney.
Eleanor, que observaba a Catherine con creciente asombro, interrumpió su labor, pero Henry empezó a sospechar la verdad y dejó escapar una frase en la que se mencionaba el nombre de Isabella.
—¡Qué agudeza la suya! —exclamó Catherine—. ¡Lo ha adivinado, no cabe duda! Sin embargo, cuando usted y yo hablamos de ello en Bath, mal podÃa pensar que esto acabarÃa asÃ. SÃ, Isabella… ¡Ahora ya no puedo extrañarme de no haber recibido noticias de ella! Isabella ha abandonado a mi hermano y va a casarse con Frederick. ¿PodÃan imaginar que fuesen posibles esa inconstancia y esa volubilidad…, y toda la maldad que hay en el mundo?