La Abadía de Northanger
La Abadía de Northanger Con estos sentimientos, más temía que deseaba divisar la conocida aguja de la iglesia que anunciaría que se hallaba a veinte millas de su casa. Al salir de Northanger sabía que Salisbury era su punto de destino; pero tan grande era su desconocimiento del camino que, después de la primera etapa, estaba en deuda con los encargados de la posta por haberle indicado los lugares del itinerario que la conduciría a su casa. Sin embargo, no tuvo que afrontar ningún peligro ni nada que la asustara. Su juventud, sus modales corteses y la generosidad con que pagaba le procuraron todas las atenciones que una viajera como ella podía requerir. Deteniéndose sólo a cambiar de caballos, continuó viajando durante unas once horas sin sufrir percances ni sobresaltos, y entre las seis y las siete de la noche se sorprendió entrando en Fullerton.