La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¿Y qué le ha contado?
—¡Oh! Montones de cosas, desde luego. Casi no habló de otro tema.
—¿Le ha dicho de qué parte del condado de Gloucester proceden?
—SÃ, me lo dijo, pero ahora no me acuerdo. Eso sÃ, son gente bien, y de mucho dinero. La señora Tilney, de soltera Drummond, poseÃa una enorme fortuna. Al casarse, recibió de su padre una dote de veinte mil libras, aparte de otras quinientas más para el ajuar. La señora Hughes vio toda la ropa cuando volvieron del almacén.
—Y el señor y la señora Tilney, ¿se hallan en Bath?
—SÃ, me parece que sÃ, pero no estoy del todo segura. Aunque, si mal no recuerdo, han muerto los dos; por lo menos la madre; sÃ, la señora Tilney murió, seguro, porque la señorita Hughes me dijo que el señor Drummond le regaló a su hija un collar de perlas muy bonito en el dÃa de su boda y ahora lo tiene la señorita Tilney; lo heredó cuando murió su madre.
—¿Y el señor Tilney, mi pareja en el baile, es el único varón?
—No estoy segura, hija. Tengo idea de que sÃ, pero según dice la señora Hughes, es un hombre encantador y es probable que se gane muy bien la vida.