La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —Bueno, hija, ya estás aquÃ.
Y, tras enunciar esta verdad que Catherine no deseaba ni podÃa rebatir, añadió:
—Espero que el paseo haya sido divertido.
—SÃ, señora Allen, gracias. Hemos pasado un gran dÃa.
—Eso mismo decÃa la señora Thorpe. Estaba enormemente contenta de que hubierais ido todos juntos.
—¿Ha visto a la señora Thorpe?
—Asà es. Tan pronto como os fuisteis me marché al salón del balneario, allà la encontré y estuvimos hablando un buen rato las dos. Me ha dicho que esta mañana apenas se encontraba ternera en el mercado; hay verdadera penuria.
—¿Ha visto a alguien más que conozcamos?
—SÃ, decidimos dar un paseo por el Crescent y allà encontramos a la señora Hughes y al señor y la señorita Tilney paseando con ella.
—¿De verdad? ¿Y habló usted con ellos?
—SÃ, estuvimos paseando por el Crescent durante media hora. Parecen gente muy agradable. La señorita Tilney llevaba un vestido de muselina con lunares muy bonito, y, por lo que he podido observar, viste siempre con mucha elegancia. La señorita Hughes me ha contado muchas cosas de su familia.