La AbadÃa de Northanger
La AbadÃa de Northanger —¡Qué horror! ¿Es que nunca lo voy a conocer? ¿Qué te parece mi vestido? Creo que no está nada mal. Las mangas han sido idea mÃa. Mira, estoy absolutamente harta de Bath; tu hermano y yo coincidimos esta mañana en que, aunque es fabuloso pasar aquà algunas semanas, no vivirÃamos en Bath ni por un millón de libras. De pronto, nos dimos cuenta de que nuestros gustos eran exactamente iguales, porque preferimos vivir en el campo a cualquier otra cosa; de verdad, nuestras opiniones eran exactamente las mismas. ¡Era completamente increÃble! No hay un solo punto en el que estemos en desacuerdo. Menos mal que no estabas, ¡con lo maliciosa que eres! Estoy segura de que habrÃas hecho cualquier comentario extraño.
—No. Claro que no.
—Oh, sÃ, claro que sÃ. Te conozco mejor que tú misma. Nos habrÃas dicho que parecÃamos nacidos el uno para el otro o alguna tonterÃa por el estilo, lo cual me habrÃa desesperado de manera indescriptible; me habrÃa puesto tan colorada como esas rosas que llevas. No sabes lo que me alegro de que no estuvieras.
—De verdad, no eres justa conmigo. En ningún caso habrÃa hecho una observación impertinente; es más, estoy segura de que no se me habrÃa pasado por la cabeza.
Isabella sonrió incrédula y dedicó el resto de la noche a hablar con James.