Los Watson
Los Watson —Me asusta eso que dices de Penélope —dijo Emma—. ¿Cómo puede una hermana hacer algo semejante? ¡Rivalidad y traición entre hermanas! Me da miedo conocerla, aunque espero que no fuera asà y que las apariencias estuvieran en su contra.

—No conoces a Penélope. HarÃa lo que fuera con tal de casarse. Ella misma te lo reconocerÃa. No le cuentes ningún secreto, sigue mis consejos y no te fÃes de ella. Tiene sus virtudes, pero no esperes de ella lealtad, honor o escrúpulos si puede sacar provecho. DesearÃa de todo corazón que encontrara un buen marido. Te aseguro que preferirÃa que lo encontrara ella a encontrarlo yo.
—¡Cielos! Bueno, puedo entenderlo. Un corazón herido como el tuyo no debe de sentir demasiada inclinación por el matrimonio.
—No, ciertamente; pero ya sabes que no tenemos más remedio que casarnos. Yo me arreglarÃa muy bien sola; con unos pocos amigos y un agradable baile de vez en cuando me contentarÃa, si una fuera a ser siempre joven. Pero nuestro padre no puede asegurarnos el porvenir, y es muy triste envejecer, ser pobre y que se rÃan de ti. He perdido a Purvis, es cierto, pero muy poca gente se casa con su primer amor. No deberÃa rechazar a un hombre simplemente por no ser Purvis. Y eso no significa que pueda perdonar nunca a Penélope.
