Mansfield Park
Mansfield Park El señor Rushworth estaba en la puerta para recibir a su dama, y dio la bienvenida al grupo entero con la debida atención. En el salón, su madre los acogió con igual cordialidad, y la señorita Bertram recibió de los dos toda la distinción que era de desear. Terminadas las salutaciones de llegada, había que comer primero, y abrieron las puertas de par en par, dando paso al comedor designado, a través de una o dos piezas intermedias, donde había preparada una abundante y refinada colación. Se habló mucho, se comió mucho, y discurrió todo bien. A continuación abordaron el asunto del día. ¿Le gustaría al señor Crawford echar una ojeada al parque, de la manera que él estimara mejor? El señor Rushworth mencionó su cabriolé. El señor Crawford sugirió que sería más deseable disponer de un coche que pudiese llevar a más de dos.
—Privarnos de la ventaja de otros ojos y otras opiniones puede ser peor incluso que perder el actual placer.
La señora Rushworth propuso que se llevasen también el tílburi; pero esto sólo fue aceptado como último recurso; las jóvenes ni sonrieron ni dijeron nada. Su siguiente proposición de enseñar la casa a los que aún no la habían visto fue mejor acogida, porque la señorita Bertram tendría el placer de exhibir su tamaño, y los demás se alegraban de hacer algo.
