Mansfield Park

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Fanny se quedó sola otra vez, sin que hubiera mejorado su ánimo, dado que la entristecía casi todo lo que había visto y oído, la asombraba la conducta de la señorita Bertram, y la irritaba el señor Crawford. Tomaron una dirección tortuosa y, según le pareció, muy poco lógica hacia la loma, y desaparecieron enseguida de su vista. Estuvo unos minutos sin ver ni oír a ninguno de sus compañeros. Le daba la impresión de que tenía el bosquecillo para sí sola. Casi habría pensado que Edmund y la señorita Crawford lo habían abandonado; pero era imposible que Edmund se hubiera olvidado completamente de ella.

De nuevo la sacaron de sus desagradables meditaciones unos pasos súbitos: alguien se acercaba deprisa por el camino principal. Esperaba ver aparecer al señor Rushworth, pero era Julia, toda acalorada y sin aliento. Y con expresión de desencanto, exclamó al verla:

—¿Eh? ¿Dónde están los otros? Creí que Maria y el señor Crawford estaban contigo.

Fanny se lo explicó.

—¡Vaya, muy bonito! No los veo por ninguna parte —miraba ansiosa hacia el parque—. Pero no pueden estar muy lejos; y creo que podré hacer lo mismo que Maria, incluso sin ayuda.

—Pero Julia, el señor Rushworth estará aquí de un momento a otro con la llave. Espera a que venga.


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