Mansfield Park
Mansfield Park —Estoy pensando que pueden estar esperándome —dijo el señor Rushworth.
—La señorita Bertram pensaba que iba a seguirla.
—No tendrÃa que seguirla si me hubiese esperado.
Esto era innegable, y Fanny guardó silencio. Tras una nueva pausa, prosiguió él:
—DÃgame, señorita Price: ¿es usted tan gran admiradora del señor Crawford como lo son algunos? Yo, desde luego, no veo nada especial en él.
—No me parece nada apuesto.
—¿Apuesto? Nadie puede considerar apuesto a un hombre bajo como él. No llega al metro setenta y cinco. No me extrañarÃa que midiera uno setenta. A mà me parece un tipo más bien feo. En mi opinión, estos Crawford no son ninguna joya. Estábamos muy bien sin ellos.
Aquà se le escapó a Fanny un leve suspiro, y no supo contradecirle.
—Si hubiera puesto yo alguna objeción a traer la llave, habrÃa sido una excusa; pero he ido en cuanto me ha dicho que la querÃa.