Mansfield Park
Mansfield Park En favor de lo trágico se pronunciaron las señoritas Bertram, Henry Crawford y el señor Yates; en favor de lo cómico, Tom Bertram; aunque no del todo solo, porque era evidente que los deseos de Mary Crawford, aunque cortésmente guardados, se inclinaban en esa misma dirección; pero la determinación y vehemencia de Tom Bertram parecían hacer innecesarios los aliados; e independientemente de esta diferencia irreconciliable, querían una obra que tuviera muy pocos personajes, que todos fueran importantes, y que tres de ellos fueran femeninos. Hojearon las mejores obras en vano. Ni Hamlet, ni Macbeth, ni Otelo, ni Douglas, ni Gamester ofrecían algo que pudiese satisfacer a los trágicos; y El escándalo, La rueda de Fortuna, El heredero ante la ley, y un largo etcétera, fueron cayendo sucesivamente con más acaloradas objeciones aún. No se proponía ninguna obra que no tuviera para alguien alguna pega, y se oía repetir constantemente de un lado y de otro: «Ah, no; no puede ser. Nada de tragedias desaforadas. Demasiados personajes. No hay un solo papel femenino que valga la pena. Todo menos eso, mi querido Tom. Sería imposible cubrir todos esos papeles. No se puede esperar que nadie haga ese personaje. No es más que una bufonada de principio a fin. Ésa podría ser, quizá, si no fuera por los papeles bajos. Si quieren mi opinión, siempre he pensado que ésa es la obra más sosa de la lengua inglesa. No quiero ponerlo difícil, colaboraré encantado; pero creo que no podríamos escoger nada peor».