Mansfield Park
Mansfield Park —Sà —exclamó el señor Yates—. Después de todas nuestras discusiones y reparos, hemos llegado a la conclusión de que nada se adapta tan bien a nosotros, nada es tan apto, como Promesas de amantes. Lo asombroso es que no hayamos pensado en esa obra antes. Mi estupidez ha sido imperdonable, porque ahora contamos con la ventaja de todo lo que vi en Ecclesford; ¡y es enormemente útil tener un modelo!… Hemos repartido ya casi todos los papeles.
—Pero ¿qué van a hacer con las mujeres? —dijo Edmund con gravedad, mirando a Maria.
Maria se ruborizó a pesar de sà misma al contestar:
—Yo tengo el papel que debÃa hacer lady Ravenshaw, y —con mirada más decidida— la señorita Crawford hará Amelia.
—Jamás habrÃa imaginado que esa clase de obra se iba a cubrir con tanta facilidad entre nosotros —replicó Edmund dirigiéndose a la chimenea donde estaban sentadas su madre, su tÃa y Fanny, y sentándose también, con expresión contrariada.
El señor Rushworth le siguió para decir:
—Yo entro tres veces, y tengo cuarenta y dos intervenciones. Es importante, ¿no? Aunque no me hace mucha gracia la idea de ir con esas elegancias. No me voy a reconocer, con un traje azul y una capa de raso rosa.