Mansfield Park
Mansfield Park Sin embargo, Julia sufría, aunque la señora Grant no notaba nada, y aunque este sufrimiento pasaba igualmente desapercibido a la perspicacia de muchos de su propia familia. Se había enamorado, lo estaba aún, y experimentaba todo el dolor que un temperamento cálido y un espíritu elevado soportarían sin duda ante la frustración de una esperanza querida aunque irracional, junto con la profunda sensación de haber sido engañada. Su corazón estaba herido e irritado, y sólo era capaz de sugerirle consuelos irritados. La hermana con la que tan bien solía llevarse se había convertido ahora en su mayor enemiga; se habían vuelto extrañas, y Julia no era indiferente a la esperanza de que tuvieran un final lamentable las atenciones que aún veía, de que tuviera un castigo la vergonzosa conducta de Maria para consigo misma, así como para el señor Rushworth. Sin tener ningún defecto importante de carácter ni diferencia de opinión que les impidiera ser buenas amigas mientras sus intereses fuesen los mismos, las hermanas, ante una situación así, carecían de un afecto o un principio suficiente que las hiciera compasivas o justas, que les inspirase honra o compasión. Maria se daba cuenta de su triunfo, e iba a lo suyo sin importarle Julia; y Julia no soportaba ver cómo Henry Crawford distinguía a Maria, sin mirar si despertaba celos o podía acarrear finalmente un escándalo.