Mansfield Park
Mansfield Park Todo seguía ahora su curso normal: el teatro, el vestuario y los actores avanzaban; pero aunque no surgió ningún otro impedimento serio, Fanny descubrió, transcurridos unos días, que no todo era ininterrumpida alegría para el grupo mismo, y que no iba a ver continuada semejante unanimidad y deleite, cosa que había sido casi demasiado para ella al principio. Todo el mundo empezó a tener contrariedades. Edmund tenía muchas. Totalmente en contra de su opinión, llegó de la capital un pintor de decorados y se puso a trabajar, aumentando así considerablemente los gastos, y lo que era peor, el esplendor de la empresa; y su hermano, en vez de dejarse guiar por él en lo de hacer una representación en la intimidad, andaba invitando a cada familia que se encontraba en su camino. El propio Tom empezaba a impacientarse por los lentos progresos del pintor, y a sufrir la comezón de la espera. Se había aprendido su papel —sus papeles: porque había asumido todos los pequeños papeles compatibles con el del mayordomo—, y estaba deseando actuar; y cada día que pasaba ocioso tendía a aumentarle la impresión de insignificancia de todos sus papeles, y a hacerle lamentar no haber escogido alguna otra obra.
