Mansfield Park
Mansfield Park —SÃ, lo sé; hasta que cumpla los diecisiete. Pero voy a contarle otra cosa de Fanny igual de rara y estúpida. Dice que no quiere aprender música ni dibujo.
—Vaya, cariño; eso sà que es una estupidez, y revela una gran falta de genio y espÃritu de emulación. Pero bien pensado, quizá es mejor que sea asÃ; porque aunque sabéis (gracias a mÃ) lo buenos que son vuestros papás al traerla a vivir aquÃ, no tiene por qué alcanzar el mismo nivel de conocimientos que vosotras; al contrario, es muy conveniente que haya una diferencia.
Tales eran los consejos con que la señora Norris contribuÃa a la formación de sus sobrinas; y no es extraño que, pese a lo prometedor de sus talentos y a su temprana preparación, anduvieran escasas en otras disciplinas menos corrientes como el conocimiento de sà mismas, la generosidad y la humildad. En todo, salvo en disposición de ánimo, estaban admirablemente enseñadas. Sir Thomas ignoraba estas carencias porque, aunque era un padre preocupado, no exteriorizaba su afecto, y la reserva de su actitud reprimÃa toda efusión de sus espÃritus delante de él.