Mansfield Park
Mansfield Park Ése fue el origen de la especie de intimidad que nació entre ellas a los catorce días de haberse marchado las señoritas Bertram, amistad derivada principalmente del deseo de novedad de la señorita Crawford, y que tenía poca entidad en los sentimientos de Fanny. Fanny iba a visitarla cada dos o tres días; era como una especie de fascinación: no se sentía a gusto si no iba, aunque sin tenerle cariño, sin pensar nunca como ella, sin una sensación de agradecimiento porque era solicitada ahora que no había nadie más, y sin sacar otro placer de su conversación que el entretenimiento momentáneo, y aun éste a costa muchas veces de su modo de pensar, cuando consistía en bromear sobre personas o asuntos que Fanny quería que se respetasen. Iba, sin embargo; y muchas veces paseaban durante media hora entre los arbustos de la señora Grant, y el tiempo era excepcionalmente templado para la época del año; incluso se atrevían a sentarse en uno de los bancos ahora relativamente expuestos, permaneciendo allí, quizá, hasta que, en mitad de alguna tierna exclamación de Fanny sobre las delicias de un otoño tan prolongado, llegaba un súbito viento frío que, derribando las últimas hojas amarillas alrededor de ellas, las obligaba a levantarse de un salto y caminar para entrar en calor.