Mansfield Park
Mansfield Park Su tono de serena languidez —jamás se molestaba en elevar la voz— era siempre oÃdo y atendido; y sir Thomas dio media vuelta. Lady Bertram empezó su historia, y Fanny salió inmediatamente de la habitación, porque oÃr hablar de ella a su tÃo era algo que sus nervios no podÃan soportar. Estaba deseosa —más, quizá, de lo que debiera— de saber si al final irÃa o no. Pero si su tÃo se extendÃa hablando y decidiendo, con la mirada seria, y la miraba con esa mirada seria, y al final decidÃa que no, podÃa no ser capaz de permanecer debidamente impasible y respetuosa. Entretanto, su causa marchaba bien. Empezó asÃ, por parte de lady Bertram:
—Tengo que decirte algo que te va a sorprender: la señora Grant ha invitado a Fanny a cenar.
—¿Y bien? —dijo sir Thomas, como esperando a que continuara, para ver dónde estaba la sorpresa.
—Edmund quiere que la deje ir. Pero ¿cómo voy a prescindir de ella?
—Volverá tarde —dijo sir Thomas, sacando el reloj—; pero ¿dónde está la dificultad?
Edmund se vio en la obligación de hablar para cubrir las lagunas que habÃa en la información de su madre. Lo contó todo, y ella se limitó a añadir:
—¡Qué extraño! La señora Grant nunca la habÃa invitado.