Mansfield Park
Mansfield Park —Me avergüenzo de ti, Tom —dijo con su tono más solemne—; me sonrojo por la medida que me veo obligado a adoptar, y confÃo en poder compadecer tus sentimientos como hermano por tal motivo. Llevas robando a Edmund diez, veinte, treinta años, quizá toda la vida, más de la mitad de unas rentas que deberÃan ser suyas. Puede que más adelante esté en mi mano, o en la tuya (y espero que asà sea), procurarle mejor posición; pero no olvides que ninguno de esos beneficios habrÃa sobrepasado lo que le corresponde por derecho natural, y que en realidad, nada puede ser equivalente a la ventaja segura que ahora está obligado a renunciar a causa de la urgencia de tus deudas.
Tom escuchó un poco avergonzado y pesaroso; pero tras escapar en cuanto le fue posible, no tardó en reflexionar con ufano egoÃsmo: 1.º, que no estaba ni la mitad de endeudado que algunos de sus amigos; 2.º, que su padre se habÃa puesto cargante con el asunto; y 3.º, que el futuro sacerdote que viniese a ocupar la casa parroquial, fuera quien fuese, morirÃa pronto con toda probabilidad.