Mansfield Park
Mansfield Park Y sin intentar más amonestaciones, abandonó a Fanny a su destino… destino que, si no hubiese estado guardado su corazón de una forma que la señorita Crawford ni siquiera sospechaba, podÃa haber sido un poco más amargo de lo que se merecÃa; porque aunque es evidente que existen muchachas de dieciocho años que son inexpugnables —o no se escribirÃa sobre ellas—, que no se dejan arrastrar al amor contra su criterio por mucho talento, maña, atenciones y halagos que se pongan, no creo que Fanny fuera una de ellas, ni pienso que teniendo una naturaleza tan tierna, y estando dotada de tanto gusto, hubiera podido escapar indemne al asedio —aunque sólo fuera un asedio de dos semanas— de un hombre como Crawford, pese a tener que vencer una mala opinión de él, si no hubiese estado ya su afecto prendido en otra parte. Pese a toda la seguridad que el amor a otro y la poca simpatÃa a él podÃan dar a la paz del espÃritu que Crawford atacaba, sus continuas atenciones —continuas, pero no importunas, y cada vez más adaptadas a la dulzura y delicadeza del carácter de ella— no tardaron en hacer que le tuviera menos aversión. Fanny no habÃa olvidado en absoluto el pasado, y seguÃa teniendo tan mala opinión de él como antes; pero no es menos cierto que también acusaba su influjo; Crawford se mostraba alegre, y sus modales habÃan mejorado tanto, y eran tan corteses, tan seria e irreprochablemente corteses, que era imposible no ser amable con él a cambio.