Mansfield Park
Mansfield Park Poco después hicieron su aparición William y Fanny; y sir Thomas tuvo el placer de recibir en su protegido a una persona muy distinta de la que había provisto hacía siete años, a un joven de semblante franco, agradable y natural, pero de sentimientos y modales respetuosos, que le confirmaban como su amigo.
Tuvo que pasar mucho rato antes de que Fanny se recobrase de la agitada felicidad de esa hora formada por los últimos treinta minutos de expectación y los primeros treinta de gozo; mucho rato antes de que pudiera decirse que su felicidad la hacía feliz, de que se le hubiera disipado el desencanto que siempre nos produce el cambio de una persona, y pudiera ver en él al William de antes, y hablarle como había anhelado hacer su corazón, por muchos años que hubieran transcurrido desde que se separaron. Ese momento, sin embargo, llegó gradualmente, auspiciado por el afecto de él tanto como por el de ella, y mucho menos embarazado por la etiqueta o la timidez. Fanny era la persona a la que más quería; pero su temple más fuerte, y su genio más vigoroso, hacían natural que expresase su amor tal como lo sentía. Por la mañana pasearon juntos con verdadero deleite, y en las mañanas sucesivas renovaron su paseo a solas, cosa que sir Thomas no pudo por menos de observar con complacencia, aun antes de que Edmund se lo señalase.