Mansfield Park
Mansfield Park Salvo los momentos de gozo que le habÃa proporcionado alguna atención excepcional o inesperada de Edmund en los últimos meses, Fanny jamás habÃa conocido tanta dicha como en esta intimidad sin trabas, sin temores, de igual a igual, con el hermano y amigo que le abrÃa el corazón, contándole sus esperanzas y sus temores, sus planes y sus preocupaciones sobre el deseado, caramente ganado y justamente estimado ascenso, que le daba información directa y detallada de sus padres y sus hermanos de los que recibÃa poquÃsimas noticias, que se interesaba por su bienestar y por sus pequeños problemas en Mansfield… que estaba dispuesto a pensar de cada uno de los miembros de esta casa como ella le pedÃa, discrepando sólo en su opinión menos escrupulosa de tÃa Norris y una crÃtica más ruidosa del comportamiento de ésta… y con el que —quizá la satisfacción más cara de todas— podÃa rememorar, con el más entrañable recuerdo, todas las venturas y desventuras de sus primeros años, y revivir cada una de las penas y alegrÃas pasadas juntos… Ventaja y reconstituyente del amor en el que incluso el lazo conyugal está por debajo del fraterno. Los hijos de la misma familia, de la misma sangre, con idénticos recuerdos y hábitos primeros, tienen en su poder medios de gozo que ninguna relación posterior les puede dar; y si alguna vez quedan definitivamente atrás esos preciosos restos de los primeros afectos, será por un extrañamiento prolongado y antinatural, por un divorcio que ninguna unión posterior es capaz de justificar. Con demasiada frecuencia es asÃ, por desgracia. El amor fraterno, unas veces casi todo, es otras peor que nada. Pero en William y Fanny Price, era aún un sentimiento en toda su frescura y originalidad: no lo habÃa dañado ningún enfrentamiento de intereses, no lo habÃan enfriado afectos diferentes, y el tiempo y la separación no hacÃan sino aumentarlo.