Mansfield Park
Mansfield Park Un afecto tan grande contribuía a que ambos ganasen en la opinión de cuantos tenían corazón para valorar lo bueno de una persona. Henry Crawford estaba tan impresionado como el que más. Rendía homenaje al afecto cálido, al cariño rudo del joven marino que le hacía decir, con la mano extendida hacia la cabeza de Fanny: «Vaya, empieza a gustarme esta moda rara; aunque cuando me enteré de que se llevaban esas cosas en Inglaterra no me lo podía creer, y cuando la señora Brown y las otras damas del Comisionado de Gibraltar aparecieron con el mismo tocado, pensé que estaban locas; pero Fanny es capaz de reconciliarme con cualquier cosa…». Y observaba con viva admiración el rubor de las mejillas de Fanny, el brillo de sus ojos, su profundo interés, su atención concentrada, mientras su hermano describía algún peligro corrido o alguna situación terrible acaecida en la mar durante el último período.