Mansfield Park
Mansfield Park —Yo también tengo dos ideas o tres —dijo Edmund—, y una de ellas es que muy poca parte de sus planes sobre Thornton Lacey se llevarán a la práctica. Me voy a contentar con menos adornos y bellezas. Creo que pueden acondicionarse la casa y las dependencias, y darle el aire de residencia de un caballero sin necesidad de meterse en gastos excesivos. Eso será suficiente para mÃ; y espero que también para los que sienten algo por mÃ.
La señorita Crawford, algo recelosa y ofendida por el tono de voz y la mirada de soslayo que acompañaron a la última manifestación de la esperanza de Edmund, se apresuró a cerrar sus negociaciones con William Price; y quedándose con su «jota» a un precio exorbitante, exclamó:
—¡Venga, apostaré lo que me queda como una mujer decidida! A mà no me vale la frÃa prudencia. No he nacido para estarme sentada sin hacer nada. Si pierdo, no será por no haber luchado.
La mano fue suya, sólo que no recuperó lo que habÃa pagado para asegurársela. Siguió otro reparto de cartas, y Crawford empezó otra vez con Thornton Lacey.