Mansfield Park

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—Puede que mi plan no sea el mejor de los posibles; no tuve demasiados minutos para meditarlo, pero hay muchas cosas que hacer. El lugar lo merece, y no se sentirá satisfecho haciendo menos de lo que es capaz (perdone su señoría, pero no debe mirar las cartas. Debe dejarlas a un lado). El lugar lo merece, Bertram. Usted habla de darle un aire de residencia de caballero. Eso lo conseguirá eliminando el corral; porque independientemente de ese tremendo estorbo, jamás he visto una casa de ésas que tuviera tanto aire de residencia de caballero, un aspecto tan por encima de la mera casa parroquial, del presupuesto de unos centenares al año. No es un montón de habitaciones bajas y aisladas, con tantos tejados como ventanas; no tiene el vulgar apelotonamiento de una casa de labranza; es un edificio sólido, espacioso, de aspecto señorial, como el que cabe suponer que habría habitado una respetable familia de campo generación tras generación, durante dos siglos por lo menos, y que ahora tendría un presupuesto de dos a tres mil al año. —La señorita Crawford escuchaba; y Edmund estuvo de acuerdo—. Así que, a poco que haga, no podrá por menos de darle el aire de una residencia de caballero. Pero es susceptible de mucho más. (Veamos, Mary: lady Bertram te ofrece doce por esa reina. No, no: doce es más de lo que vale. Lady Bertram no te ofrece doce. No tiene nada que decir a eso. Adelante, adelante). Con algunas mejoras como las que le sugiero (no le estoy coaccionando para que actúe de acuerdo con mi plan; aunque, todo sea dicho, dudo que nadie le proponga algo manifiestamente mejor), puede conferirle otro carácter. Puede elevarla a la categoría de sitio. De ser sólo la residencia de un caballero se convierte, con una reforma juiciosa, en la morada de un hombre de cultura, de gusto, de hábitos modernos y buenas relaciones. Todo eso puede reflejarse en ella; con lo que la casa adquiere un aire que revela al viajero que pasa que su propietario es el gran terrateniente de la circunscripción parroquial; sobre todo, teniendo en cuenta que no hay ninguna casa verdaderamente señorial que le dispute ese puesto; detalle, entre nosotros, que realza el valor de tal situación, en punto a privilegio e independencia, más de lo que pueda calcularse. Espero que piense como yo. —Volviéndose, con voz suavizada, a Fanny—: ¿Ha visitado alguna vez el lugar?


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