Mansfield Park
Mansfield Park Fanny negó vivamente, y trató de ocultar su interés en el tema atendiendo ansiosa a su hermano, que le estaba pidiendo mucho y se aprovechaba de ella lo que podía; pero Crawford prosiguió:
—No, no; no debe desprenderse de la reina; la ha comprado demasiado cara, y su hermano no le ofrece ni la mitad. No, no señor; déjela ahí… déjela ahí. Su hermana no se desprende de la reina. Decididamente. El juego será suyo —volviéndose hacia ella otra vez—; será suyo, seguro.
—A Fanny le encantaría que ganase William —dijo Edmund, sonriéndole a ella—. ¡Pobre Fanny! ¡No ha podido dejarse estafar como quería!
—Señor Bertram —dijo la señorita Crawford unos minutos después—, le hago saber que Henry es un paisajista excelente, y que no tiene usted posibilidad de hacer nada de cierto nivel en Thornton Lacey a menos que acepte su ayuda. ¡Piense en lo útil que fue en Sotherton! Piense en las cosas grandes que surgieron allí con nuestra visita, un día caluroso de agosto, mientras recorríamos el parque, y veíamos inflamarse su genio. Fuimos y volvimos; ¡y la de cosas que hicimos allí!
Los ojos de Fanny se volvieron hacia Crawford un momento con una expresión más que grave de reproche; pero al captar los de él, los bajó. Él negó con la cabeza mirando a su hermana, algo turbado, y contestó riendo: