Mansfield Park
Mansfield Park —¡Ah, sÃ, sÃ! Y será un dÃa de alegrÃa. Acabará bien. Mi malhumor es sólo momentáneo. En realidad, no es que considere inoportuno el baile; ¿qué más da eso? Pero, Fanny… —la detuvo cogiéndole la mano y hablándole con voz baja y seria—, tú sabes lo que significa todo esto. Tú sabes lo que pasa; y quizá puedes decirme, mejor de lo que podrÃa decÃrtelo yo a ti, cómo y por qué me he puesto de malhumor. Deja que te hable un poco. Eres una amable, una amabilÃsima oyente. Me ha sentado mal su actitud esta mañana, y no consigo levantar el ánimo. Sé que su carácter es dulce e irreprochable como el tuyo; pero la influencia de sus antiguas compañÃas da a veces a su conversación, a las opiniones que expresa en público, un sesgo equivocado. No piensa equivocadamente, pero sà habla asà en broma; y aunque sé que es broma, me duele profundamente.
—Es efecto de la educación —dijo Fanny suavemente.
Edmund no pudo por menos de estar de acuerdo.
—¡SÃ, sus tÃos! ¡Ellos han estropeado el espÃritu más exquisito! Porque te confieso, Fanny, que a veces parece que es algo más que la educación; parece que tuviera corrompido el espÃritu.
Fanny pensó que le pedÃa su opinión; asà que, tras meditar un momento, dijo: