Mansfield Park
Mansfield Park —¡Afortunada, afortunada muchacha! —exclamó Mary en cuanto pudo hablar—. ¡Qué unión para ella! Mi queridÃsimo Henry, ése es mi primer sentimiento; pero el segundo, que debo expresarte con igual sinceridad, es que apruebo tu elección con toda el alma, y vaticino tu felicidad con el mismo calor que quiero y deseo que se cumpla. Vas a tener una esposa dulce, toda gratitud y devoción. Exactamente lo que te mereces. ¡Qué unión más asombrosa para ella! La señora Norris habla a menudo de la suerte que tiene; ¿qué dirá ahora? ¡Será una alegrÃa para toda la familia! ¡Y en ella tiene amigos fieles! ¡Cómo se van a alegrar! Pero cuéntamelo todo. Cuéntamelo de una vez. ¿Cuándo empezaste a pensar en ella en serio?
Nada habÃa más imposible que contestar a tal pregunta, aunque nada podÃa ser más grato que el que se la hicieran. No sabÃa decir «cómo se habÃa apoderado de él la deliciosa infección»; y antes de que hubiera expresado por tercera vez este mismo sentimiento con escasa variación de palabras, su hermana le interrumpió ansiosa con:
—¡Ah, mi querido Henry, entonces es eso lo que te ha llevado a Londres! ¡Ése era el asunto! Decidiste ir a pedir consejo al almirante, antes de dar el paso.