Mansfield Park
Mansfield Park —Henry, conceptúo tan alto a Fanny Price que si pensase que la próxima señora Crawford iba a tener la mitad de los motivos que tuvo mi pobre y maltratada tÃa para odiar el apellido mismo, impedirÃa el matrimonio si pudiese. Pero te conozco, y sé que la esposa a la que ames será la más feliz de las mujeres y que, aun cuando dejases de amarla, encontrarÃa en ti la liberalidad y la buena crianza de un caballero.
Naturalmente, el eje de su elocuente respuesta fue la imposibilidad de no hacer todo en el mundo para que Fanny fuese feliz, y de dejar de amar a Fanny Price.
—Si la hubieses visto esta mañana, Mary —prosiguió—, atendiendo con indecible dulzura y paciencia a todas las exigencias estúpidas de su tÃa, trabajando con ella, y para ella, con los colores hermosamente encendidos al inclinarse sobre la labor, y luego volver a su silla a terminar la nota que estaba redactando por encargo de esa estúpida, y todo con la mayor sencillez, como si fuese lo más natural no disponer de un instante siquiera para sà misma, con el cabello cuidadosamente ordenado como siempre, y un ricito colgándole delante, mientras escribÃa, que periódicamente se echaba para atrás; y a todo esto, hablando conmigo de cuando en cuando, o escuchando como encantada lo que yo decÃa. Si la hubieses visto asÃ, Mary, no se te ocurrirÃa insinuar que pueda cesar alguna vez su dominio sobre mi corazón.