Mansfield Park
Mansfield Park Estaba absorta Fanny en esta suerte de esperanzas, después del té, cuando su tío fue llamado fuera de la habitación; era algo demasiado corriente para que le extrañara, así que no pensó en ello hasta que reapareció el mayordomo, diez minutos después, se acercó a ella decididamente, y dijo:
—Sir Thomas desea hablar con usted en su despacho, señora.
Entonces cayó en la cuenta de lo que pasaba; la asaltó una sospecha que hizo que sus mejillas perdiesen el color. Pero se levantó inmediatamente, dispuesta a obedecer, cuando la señora Norris le dijo en voz alta:
—¡Espera, espera, Fanny! ¿Qué haces? ¿Adónde vas? No tengas tanta prisa. Seguro que no te reclama a ti; seguro que es a mí —mirando al mayordomo—; estás demasiado ansiosa de hacerte notar. ¿Para qué te iba a necesitar sir Thomas? Es a mí a quien le envía, Baddely; voy ahora mismo. Seguro que es a mí, Baddely; a mí a quien necesita sir Thomas; no a Fanny.
Pero Baddely fue firme.
—No, señora, es a la señorita Price. Estoy seguro de que es la señorita Price. —Y con las palabras, esbozó media sonrisa como diciendo: no creo que le sirva usted en esta ocasión.