Mansfield Park

Mansfield Park

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Las señoritas Bertram fueron dignas de lástima en esta ocasión; no por su pena, sino por la falta de ella. No amaban a sir Thomas: nunca parecía gustarle verlas disfrutar, y su ausencia, por desgracia, fue muy bien acogida. Se sintieron liberadas de toda restricción; y sin proponerse nada que sir Thomas les hubiera prohibido, se sintieron inmediatamente dueñas de sí mismas, y con todos los placeres a su alcance. Fanny sentía alivio y era consciente de ello casi igual que sus primas; pero su naturaleza más afectuosa le sugería que sus sentimientos eran desagradecidos, y le pesaba sinceramente no tener pena ninguna. ¡Sir Thomas, que había hecho tanto por ella y por sus hermanos, y que se había ido quizá para no volver! ¡Haberle visto marcharse sin una lágrima! ¡Era una vergonzosa falta de sensibilidad! Además, la misma mañana en que se fue le había dicho que esperaba que pudiera volver a ver a William el próximo invierno, y le había encargado que le escribiera y le invitara a Mansfield en cuanto supiera que la flota en la que iba estaba en Inglaterra. «¡Ha sido un detalle muy amable y considerado!». Y si la hubiera llamado, sonriendo, «mi querida Fanny», habría olvidado sus ceños anteriores y su trato frío. Pero había terminado su discurso de una manera que la mortificó, al añadir: «Si efectivamente viene William a Mansfield, espero que le convenzas de que no has desaprovechado los muchos años que has pasado separada de él… Aunque me temo que encontrará a su hermana de dieciséis, en algunos aspectos, muy parecida a su hermana de diez». Estas palabras hicieron llorar amargamente a Fanny cuando su tío se hubo ido. Y sus primas, al verla con los ojos enrojecidos, la tuvieron por una hipócrita.


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