Mansfield Park
Mansfield Park —PermÃtame el placer de terminar ese parlamento para su señorÃa —dijo—. Lo encontraré enseguida. —Y siguiendo cuidadosamente la inclinación de las hojas, llegó a él, o a una página o dos de él: lo bastante cerca para satisfacer a lady Bertram, que confirmó, en cuanto Crawford mencionó el nombre del cardenal Wolsey[11], que era quien lo decÃa. Fanny no le dirigió una sola mirada, ni se ofreció a ayudarle; ni dijo tampoco una palabra en favor ni en contra; toda su atención estaba puesta en la labor. ParecÃa decidida a no mostrar interés en nada más. Pero tenÃa el gusto muy cultivado. No fue capaz de mantenerse cinco minutos abstraÃda; no pudo por menos de prestar atención: la lectura del señor Crawford era excelente, y Fanny disfrutaba muchÃsimo escuchando una buena lectura. Aunque estaba acostumbrada a las buenas lecturas: su tÃo leÃa bien, y todos sus primos. Edmund, sobre todo. Pero la lectura del señor Crawford tenÃa una calidad que superaba cuanto habÃa oÃdo. El Rey, la Reina, Buckingham, Wolsey, Cromwell, todos intervinieron unos tras otros; porque con la más admirable facilidad, con el acierto más asombroso para saltar y adivinar pasajes, era capaz de brindarles a voluntad la mejor escena o los mejores discursos de cada uno; y ya fuera dignidad u orgullo, ternura, remordimiento o lo que tuviera que expresar, lo hacÃa con inigualable belleza: fue auténticamente dramático. Su actuación reveló a Fanny por primera vez qué placer podÃa proporcionar una obra teatral, y su lectura le trajo a la memoria todos sus anteriores ensayos quizá con más placer aún, por el hecho de traérselos de manera inesperada, y sin la desventaja que habÃa estado acostumbrada a soportar, viéndole en el escenario con la señorita Bertram.