Mansfield Park
Mansfield Park Lady Bertram no acompañaba públicamente a sus hijas. Era demasiado indolente para aceptar siquiera la satisfacción de madre de presenciar el éxito y disfrute de sus hijas a costa de alguna molestia personal, y había delegado esta tarea en su hermana, que nada deseaba más que un puesto de tan honrosa representación, y explotó cuanto pudo el medio que le permitía frecuentar la sociedad sin tener que alquilar caballos.
Fanny no asistía a las fiestas de la temporada; pero disfrutaba siendo reconocidamente útil como acompañante de su tía cuando invitaban al resto de la familia; y como la señorita Lee había dejado Mansfield, se volvió, de manera natural, absolutamente imprescindible para lady Bertram durante las noches de baile o de recepción. Conversaba con ella, la escuchaba, le leía; y la tranquilidad de esas noches, su completa seguridad, en ese tête-a-tête, de no oír ruidos inoportunos, eran indeciblemente gratificantes para un espíritu que rara vez encontraba una pausa en sus alarmas y turbaciones. En cuanto a las diversiones de sus primas, le encantaba oírselas contar; sobre todo cuando se trataba de bailes, y de con quién había bailado Edmund. Pero se consideraba demasiado inferior para ocurrírsele que la admitirían alguna vez, así que escuchaba sin ningún interés particular. En general, fue un invierno agradable para ella; porque aunque no trajo a William a Inglaterra, su firme esperanza de que llegaría la animaba mucho.