Mansfield Park
Mansfield Park Llegó y pasó el invierno sin haber tenido que recurrir a ellos: las noticias seguían siendo buenas. Y la señora Norris estaba tan dedicada a maquinar diversiones para sus sobrinas, ayudarlas a arreglarse, difundir sus méritos y buscarles posibles maridos, además de atender a los cuidados de su propia casa, entrometerse en los de su hermana y vigilar el derroche de la señora Grant, que le quedaba muy poco lugar para ocuparlo siquiera con temores por los ausentes.
Las señoritas Bertram se hallaban ahora totalmente instaladas entre las beldades de la vecindad; y como a su belleza y sus brillantes conocimientos se sumaban unos modales naturalmente desembarazados y una esmerada preparación tocante a cortesía y amabilidad, tenían ganado su favor a la vez que su admiración. Dominaban de tal modo su propia vanidad que parecían no tener ninguna. Tampoco se daban aires; aunque las alabanzas que acompañaban a tal comportamiento, remachadas y repetidas por su tía, no hacían sino confirmar su convencimiento de que carecían de defectos.