Mansfield Park
Mansfield Park Fanny no habría podido permanecer más tiempo en su silla, o al menos no habría podido contenerse de intentar marcharse, pese a la demasiada oposición pública que preveía, de no haber sido por el ruido anunciador de que se acercaba inminente alivio, ruido que hacía rato esperaba, pensando que se retrasaba extrañamente.
Apareció la solemne procesión, encabezada por Baddely, de los portadores de la bandeja del té, de la tetera y de los bizcochos, y la libraron de un cerco opresivo del cuerpo y el espíritu. El señor Crawford se vio obligado a cambiar de sitio. Fanny estaba en libertad, estaba ocupada, estaba protegida.
Edmund no lamentó volver a encontrarse entre los que hablaban y escuchaban. Pero aunque la conferencia le había parecido muy larga, y aunque al mirar a Fanny vio más bien el rubor del enfado, se inclinó a esperar que no se hubiese dicho y escuchado tanto sin algún provecho para el hablante.