Mansfield Park
Mansfield Park Fanny lo sabía demasiado bien para tener que decir nada; y siguieron andando unos cincuenta metros en mutuo silencio y ensimismamiento. Fue Edmund el que empezó otra vez:
—Me gustó mucho la manera en que habló ella de esto ayer, me gustó mucho; porque yo no confiaba en que viera las cosas de manera tan acertada. Sabía que te aprecia mucho; sin embargo, temía que estimase que no fueras suficiente para su hermano, y que lamentara que no se hubiese fijado en alguna mujer distinguida o con fortuna. Temía el prejuicio de esas máximas mundanas que ha estado acostumbrada a escuchar. Pero ha sido muy diferente. Me ha hablado de ti, Fanny, exactamente como debía. Desea vuestra unión tan fervientemente como tu tío o como yo. Hemos tenido una larga conversación. Yo no habría mencionado el asunto, aunque estaba deseoso de saber lo que pensaba; pero aún no hacía cinco minutos que me encontraba en la habitación, cuando empezó ella, abordándolo con toda la franqueza del mundo, y ese dulce ademán tan suyo, ese espíritu y esa ingenuidad que son tan propios de ella. La señora Grant se rió de su rapidez.
—¿Estaba la señora Grant en la habitación, entonces?