Mansfield Park
Mansfield Park —¡Vaya, Fanny, está usted absolutamente embelesada! Supongo que piensa en alguien que siempre está pensando en usted. ¡Ah, ojalá pudiera yo transportarla por breve tiempo a nuestro cÃrculo de la capital para que viera qué se piensa allà de su poder sobre Henry! ¡La envidia, los celos de docenas y docenas! ¡El asombro, la incredulidad que sentirán al enterarse de lo que usted ha hecho! Porque en cuanto a discreción, Henry es totalmente el héroe de un antiguo romance que se enorgullece de sus cadenas. DeberÃa venir a Londres, a comprobar cómo se valora su conquista. ¡Si viera cómo le buscan, y cómo me buscan a mà por él! Me doy cuenta de que ahora no voy a ser la mitad de bien recibida en casa de la señora Fraser, debido a su situación con usted. Cuando se entere ella, probablemente querrá mandarme de vuelta a Northamptonshire; porque hay una hija del señor Fraser con su primera mujer a la que está ansiosa por casar, y quisiera que la pidiese Henry. Le ha estado trabajando, ¡y de qué manera! Usted, aquà sentada, inocente y tranquila, no se hace idea de la sensación que causará, de la curiosidad que habrá por verla, ¡de todo lo que tendré que contestar! La pobre Margaret Fraser me asediará a preguntas sobre sus ojos y sus dientes, y cómo tiene el pelo, y quién le hace los zapatos. Quisiera que Margaret estuviese casada, por mi pobre amiga; porque veo que los Fraser son desgraciados como la mayorÃa de los matrimonios. Sin embargo, era una unión de lo más deseable para Janet. Todos estábamos encantados. Janet no pudo hacer otra cosa que aceptarle, porque era rico, y ella no tenÃa nada. Pero él ha sacado a relucir un carácter hosco y exigéant; y quiere que una joven, que una joven hermosa de veinticinco años, sea igual de seria que él. Y mi amiga no le sabe llevar; parece que no acaba de adaptarse. Hay un ambiente de irritación allà que, por no decir nada peor, indica muy mala educación. Cuando esté en su casa me acordaré con respeto del trato que observa el matrimonio de la casa parroquial de Mansfield. El doctor Grant muestra una total confianza en mi hermana, y cierta consideración a sus opiniones, lo que indica que hay afecto; pero nada de eso veré en casa de los Fraser. Estaré constantemente en Mansfield, Fanny. Mi propia hermana como esposa, sir Thomas Bertram como marido, son mis modelos de perfección. La pobre Janet ha salido engañada de manera lastimosa; sin embargo, no ha hecho nada inadecuado, no se ha lanzado al matrimonio de manera atolondrada; no ha habido falta de previsión. Se tomó tres dÃas para meditar las proposiciones de él; y durante esos tres dÃas pidió consejo a todos los relacionados con ella cuya opinión valÃa la pena tener en cuenta. Y en especial acudió a mi querida tÃa que en paz descanse, cuyo conocimiento del mundo hacÃa que su juicio fuera muy general y merecidamente consultado por la gente joven de entre sus amistades; y se pronunció decididamente a favor del señor Fraser. ¡Es como si nada pudiera garantizar el bienestar matrimonial! En cuanto a mi amiga Flora, no tengo mucho que decir en su favor, ya que dejó plantado a un apuesto joven de la Guardia Real por ese horrible lord Stornaway que tiene el mismo seso que el señor Rushworth pero mucha peor pinta, y fama de sinvergüenza. Yo tuve mis dudas, en su momento, de que hiciera bien, porque ni siquiera tiene aspecto de caballero; ahora estoy segura de que hizo mal. A propósito, el invierno que «debutó» Flora Ross, estaba que se morÃa por Henry. Pero si intentara hablarle de todas las mujeres que sé que han estado enamoradas de él, no acabarÃa. Sólo usted, usted, insensible Fanny, es capaz de pensar en él con alguna indiferencia. Pero ¿es tan insensible como pretende hacer ver? No, no; ya veo que no.