Mansfield Park
Mansfield Park Con estos y otros mil pensamientos más proseguía Fanny su viaje, contenta y segura, y con la celeridad que lógicamente cabía esperar en un embarrado mes de febrero. Entraron en Oxford, pero sólo pudieron echar una ojeada fugaz al colegio de Edmund cuando pasaron por delante, y no se detuvieron en ningún sitio hasta que llegaron a Newbury, donde una comida reconfortante, que juntó el almuerzo con la cena, puso fin a los gozos y fatigas de la jornada.
La mañana siguiente les vio ponerse en camino otra vez a hora temprana; y, sin percances ni demoras, hicieron el trayecto con regularidad y estuvieron en las afueras de Portsmouth cuando aún quedaba luz para que Fanny pudiese mirar en torno suyo, y admirarse de los nuevos edificios… Cruzaron el puente levadizo y entraron en la ciudad; empezaba la luz a declinar cuando, a una voz poderosa de William, se metieron con estrépito por un callejón que salía de la calle mayor, y se detuvieron ante la puerta de una casa pequeña, donde ahora residía el señor Price.