Mansfield Park
Mansfield Park Fanny tenía motivos para suponer que el señor Crawford no la había olvidado aún: había recibido repetidamente noticias de la hermana durante las tres semanas transcurridas desde que se fueron de Mansfield, y cada carta había traído unas líneas de él, cálidas y decididas como sus discursos. Era una correspondencia que Fanny encontraba tan poco grata como había temido. El estilo de la señorita Crawford, vivo y afectuoso, era un trago, aparte de lo que se veía obligada a leer de la pluma del hermano; porque Edmund no descansaba hasta que no le había leído la mayor parte de la carta de él; y luego tenía que oírle admirar el estilo de ella y el calor de sus afectos. A decir verdad, había tantos mensajes, tantas alusiones, tantos recuerdos y tanto Mansfield en cada carta, que Fanny no podía sino suponer que estaban escritas con intención de que llegaran a Edmund. Y era cruel y mortificante verse obligada a cumplir un propósito de este género, y empujada a mantener una correspondencia que le traía las solicitudes del hombre que no amaba, y la obligaba a prestar ayuda a la pasión adversa del que sí amaba. En esto, también, su actual marcha prometía ser beneficiosa. No estando ya bajo el mismo techo que Edmund, confiaba en que la señorita Crawford no tendría motivos lo bastante fuertes para escribir como para superar la molestia; y en Portsmouth, su correspondencia se iría extinguiendo.