Mansfield Park
Mansfield Park Todos los aficionados a escribir cartas sin tener mucho que decir —lo que comprende buena parte del mundo femenino— pensarán con lady Bertram que no habÃa tenido suerte al producirse una noticia tan importante en Mansfield, como la certeza de que los Grant se marchaban a Bath, en un momento en que ella no podÃa aprovecharla, y reconocerán que debió de resultarle muy mortificante ver que le tocaba darla a su desagradecido hijo, y que lo hacÃa escuetamente al final de una larga carta, en vez de desarrollarla ella en una página de las suyas. Porque aunque lady Bertram brillaba en el aspecto epistolar, y desde principios de su matrimonio habÃa adquirido la costumbre —a falta de otra ocupación, y por el hecho de tener que asistir sir Thomas al Parlamento— de hacer y mantener corresponsales, y se habÃa creado un estilo encomiable, superficial y abultado, de manera que un pequeñÃsimo tema le bastaba, no podÃa hacer nada sin ninguno: necesitaba algo sobre lo que escribir, incluso cuando lo hacÃa a su sobrina; y dado que iba a perderse tan pronto toda posibilidad de contar los sÃntomas gotosos del doctor Grant y las visitas matinales de la señora Grant, le era muy duro verse privada de hacer de ellos un último uso epistolar.
Sin embargo, se le avecinaba una rica compensación. HabÃa llegado la hora de la suerte para lady Bertram. Pocos dÃas después de recibir la carta de Edmund, Fanny tuvo otra de su tÃa que empezaba asÃ: