Mansfield Park
Mansfield Park La primera etapa del viaje duró una larga jornada, y los llevó, casi molidos, hasta Oxford; pero la segunda concluyó a una hora mucho más temprana. Estuvieron en los alrededores de Mansfield mucho antes de la hora habitual de la cena; y cuando ya llegaban al amado lugar, a Fanny y a Susan se les encogió un poco el corazón. Fanny empezó a temer el encuentro con sus tías y con Tom —por la espantosa humillación que soportaban—; y Susan a comprender con cierto nerviosismo que estaba a punto de poner a prueba sus mejores modales, y todo lo que había aprendido recientemente sobre las costumbres de aquí. Ante ella se alzaban ejemplos de buena y de mala educación, de antigua vulgaridad y nueva gentileza; y se puso a meditar sobre los tenedores de plata, las servilletas y los lavafrutas. Fanny había ido pendiente de las diferencias operadas en el campo desde febrero; pero cuando entraron en el parque, sus sensaciones y deleites se hicieron de lo más intensos. Hacía tres meses, tres meses enteros, que lo había abandonado; y el cambio que veía era de invierno a verano. Sus ojos se fijaban en todo, en el césped y las plantaciones de un verde jugoso. Y los árboles, aunque no estaban enteramente cubiertos, se encontraban en ese estado delicioso, previo a su belleza plena, en que, si bien es mucho lo que ofrecen a la vista, reservan mucho más a la imaginación. Pero este gozo era para ella sola. Edmund no podía compartirlo. Le miró, pero él iba echado hacia atrás, sumido en una tristeza más honda que nunca, y con los ojos cerrados, como si le oprimiese la visión de la alegría y tuviese que evitar los deliciosos escenarios del hogar.