Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Su amigo que le desea todo bien.
William Collins.
―Por lo tanto, a las cuatro es posible que aparezca este caballero conciliador ―dijo el señor Bennet mientras doblaba la carta―. Parece ser un joven educado y atento; no dudo de que su amistad nos será valiosa, especialmente si lady Catherine es tan indulgente como para dejarlo venir a visitarnos.
―Ya ves, parece que tiene sentido eso que dice sobre nuestras hijas. Si está dispuesto a enmendarse, no seré yo la que lo desanime.
―Aunque es difÃcil ―observó Jane― adivinar qué entiende él por esa reparación que cree que nos merecemos, debemos dar crédito a sus deseos.
A Elizabeth le impresionó mucho aquella extraordinaria deferencia hacia lady Catherine y aquella sana intención de bautizar, casar y enterrar a sus feligreses siempre que fuese preciso.
―Debe ser un poco raro ―dijo―. No puedo imaginármelo. Su estilo es algo pomposo. ¿Y qué querrá decir con eso de disculparse por ser el heredero de Longbourn? Supongo que no tratarÃa de evitarlo, si pudiese. Papá, ¿será un hombre astuto?