Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―El mal estado de su salud no le ha permitido, desafortunadamente, ir a la capital, y por ello, como le dije un dÃa a lady Catherine, ha privado a la corte británica de su ornato más radiante. Su SeñorÃa pareció muy halagada con esta apreciación; y ya pueden ustedes comprender que me complazco en dirigirles, siempre que tengo ocasión, estos pequeños y delicados cumplidos que suelen ser gratos a las damas. Más de una vez le he hecho observar a lady Catherine que su encantadora hija parecÃa haber nacido para duquesa y que el más elevado rango, en vez de darle importancia, quedarÃa enaltecido por ella. Esta clase de cosillas son las que agradan a Su SeñorÃa y me considero especialmente obligado a tener con ella tales atenciones.
―Juzga usted muy bien ―dijo el señor Bennet―, y es una suerte que tenga el talento de saber adular con delicadeza. ¿Puedo preguntarle si esos gratos cumplidos se le ocurren espontáneamente o si son el resultado de un estudio previo?
―Normalmente me salen en el momento, y aunque a veces me entretengo en meditar y preparar estos pequeños y elegantes cumplidos para poder adaptarlos en las ocasiones que se me presenten, siempre procuro darles un tono lo menos estudiado posible.